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domingo, 4 de agosto de 2019

Campiña al Sur


Tierra mítica,
angosturas de cal,
colinas sinuosas,
sueños verdecidos, ecos,
reverberos de agua.
Tierra sin nubes.
Todo el cielo son pájaros.

      
         De "Campiña de Luz"

martes, 25 de septiembre de 2018

RABADANES


                           (Siglo XVI)

Acostumbran extramuros
tardías culpas, prontos perdones
del peregrino en turbio y tizón.
Las manos, muelas de hornaza,
y los pies, rabadanes,
a hinojos, cardos y umbelas.

                
     De "Extensa clepsidra" (2011)


jueves, 21 de agosto de 2014

Paisaje y ensoñacion de un estio


Pájaro en la copa de pino. Foto JLP

Luz esencial de Campiña

 (Paisaje y ensoñación de un estío)


La luz gradúa las emociones. La pupila ,intensamente bañada en el azul, desvanece el horizonte. Es un enmohecido damero, donde verdes cromos y frágiles amarillos platean a ritmo equinoccial con interlunio de agaves.

Así como una saturación luminosa es niebla que anquilosa el sentir. Un aire o vaho de tragedia griega sobrevuela el fragor metálico de las chicharras, legionarias en el silencio cenital de los pájaros.

La luz es como agua, no produce cristal en la altura. Y si de frío, todo el horizonte esclarece. Desaparece la perspectiva, engullida por la luz geodal de una tarde cualquiera.

En las terrazas del alba palpitan desmayos grises, rescoldos de umbría. Enaguas de plata jalean los troncos retorcidos, minoicos matorrales de espuma. Egregios olivos, de bronce y plata las copas. Empequeñecen el tardo horizonte, enrarecen de verde el aire, apresan luz. Su tacto áspero de rugosa esencia derramada al vuelo, semillas abandona de grávido transir la nada.

La campiña en Limosa es extensa y suave. Sobre este mar interior un hálito de pinos crepusculares sobrevive cercado por el pasto rubio amasable.

Indefinibles amarillos produce la alzada constelación de girasoles, realce de tristes colinas sin árboles. Todo es sol, ninguna sombra. Apenas un reducto arbóreo cobija el blanco caserío. Junto al pozo encalado la palmera, verde y queda, paloma extasiada con plumones enraizados de yerbabuena. 

El tejado semeja un mar inmóvil de curvas y geometría detenida. Pardas tejas, ondulantes, derramadas bajo la venerable elegancia de la encina. Ultimo reducto del espeso bosque que cubría estas dunas, hoy devastadas por el agua libre de lluvia. 

La miel de los campos es el agua. Los pájaros, almas de otros pájaros, sobrevuelan el tallado cristal de la cebada en el arcén.

Las heridas azules de las nubes arrastran sombras que viajan estremeciendo a su paso la templada quietud del sueño. Y por los espejos de agua oculta, tristeza de altos álamos, emergen eucaliptos voraces. Cipreses de agua tinta, pinos al desmayo bajo enrarecida sombra. 

Insinuaciones de óleo, los naranjos abastecen las albercas de luz cenital, fosfórica y redonda. 

Recortada soledad del huerto, limoneros de bruñida espesura, rayos dormidos penetran las hojas. 

Irisan las abubillas argentinos abanicos de pedrería. Una perdiz alumbra grises terrones de la tarde. Ese canto tatuado en sangre es collar o leyenda, leyenda de alas en libertad. 

Resueltos, menudos gorriones picotean en las moradas coronas de los cardos la umbría de ayer. 

El amarillo duro bajo agua verde o cristalina descubre béticas estelas de las lindes. Tatuajes de mar sembrada a mano. 
La noche se desvela, jazmín abierto de la Campiña. Cuarzo enseñorea. La luna derramó mariposas de transparencia, plegadas o redondas, tintas en arrebol de su vientre. 
Los pliegues cerrados de esta túnica florecen y mueren bajo extensas oleadas. Élitros de ritmos jaquelados devorarán la luna, insomnes de engalba. Helada luz acibarada sobre la piel del tiempo.



 "Luz esencial de Campiña". Del libro "Campiña de Luz"


jueves, 15 de diciembre de 2011

Carta de Manuel Bocanegra

"Extensa clepsidra me parece un depurado canto que busca en el alma de la tierra, los sedimentos del alma propia. La metáfora no persigue la imagen en sí, sino que cae, oro candente y se baña en un tiempo personal y prístino a la vez, que aquilata la profundidad del verso en la densidad calculada del poeta, (tú) que hace uso de los recursos para destilar o licuar su propia alma

densidad lentísima
que por sus pupilas
manchadas licúa.

Hay en Extensa clepsidra bellísimos poemas que recrean la Campiña con el poder evocador del preciso lenguaje que te caracteriza, más desnudo, ( ...) pero con la misma brillantez, exigencia y riqueza, contenida ya en tus poemarios anteriores.
Me quedo con el poema MIRAD, NAVES, MIRAD por el poder evocador de su voz profunda y por el prodigioso recurso que consigue conjugar en uno tiempos pasados y tiempo presente.
Pero lo que más me gusta de Extensa clepsidra, es el rastro de cenizas que el poeta (tal vez, esta vez, no tú mismo) va dejando a lo largo del poemario. Todo poeta que se precie quema vida en sus versos, ese rastro candente, esos restos de un horno todavía encendido, prenden la emoción en el lenguaje y, entonces sí, el reloj de la lluvia cae sobre la tierra y desvela la voz, el sentimiento, el alma de un ser más antiguo y más grande que el territorio finito que limitan los horizontes: el ser suficiente, el ser anhelante que ya no desea más viaje que sus propios deseos."
Manuel Bocanegra

sábado, 29 de octubre de 2011

Extensa clepsidra y Campiña de Luz por Concha García


"Me han gustado tus poemarios en su aspecto formal y como idea de construcción de una genealogía. En Campiña de Luz la exaltación al lugar y a las manos que transforman el barro en utensilios y arte, y como fondo un lirismo que viene de muy lejos, de la percepción del tiempo que pasa y de la irrecuperable fuerza del presente desgastándose. Son poemarios que no pueden competir con lo que se hace ahora -están como fuera del tiempo- y por ello merecen mi admiración."

Concha García

miércoles, 17 de agosto de 2011

Carta de José Mª Molina Caballero

"Se trata de dos libros que destilan una gran sensibilidad, una fluidez y una frescura realmente excelentes.
Tus dos libros incluyen una singular y delicada conjunción de escenografías relacionadas con la naturaleza y otros elementos de la memoria personal del autor, vehiculizada en prosa poética en el primero de los libros, y, en el segundo de ellos, en poemas profundos y conmovedores que se hacen portavoces de experiencias personales y, a la vez, universales, en donde el contexto, la tierra y sus gentes cobran un destacado protagonismo."


Josë María Molina Caballero (Ánfora Nova, Editor Director), amigo y poeta ruteño.

jueves, 9 de junio de 2011

Sobre "Extensa clepsidra" y "Campiña de luz"


Campiña de Limosa (Foto JL Parra)

"Son tan hermosos estos dos libros tuyos que me has enviado que inducen a la meditación. Dos obras que dignifican tu buen hacer y nos llenan de orgullo a los que compartimos contigo tu sensibilidad contemplativa de la vida y la naturaleza. El paisaje como ser. Limosa, qué preciosidad de palabra que lamento no se me haya ocurrido a mí, siendo más de campo que tú. Y la dedicatoria conjuntiva desde Limosa a Talbania: "tierra que ondula la luz", la he definido alguna vez, pero al "palpar" y sentir este adjetivo tuyo-rambleño,limosa, pienso que entraría mejor así: "tierra de luz limosa". Pero claro, la parte de Montalbán es más de bujeo que de arenas frescas ya que no doradas... Mas te recuerdo que la gran estela de las definiciones amorosas por el paisaje natal se lo debemos, cómo no, a Juan Ramón Jiménez. Escucha esto: La luz con el tiempo dentro. ¿No te parece un acierto magnífico, ejemplar, amoroso y profundo?"
Prudencio Salces


El poeta amigo Prudencio también desde su blog nos ha dedicado esta entrada:

http://talbania3.blogspot.com/2011/06/el-enamorado-de-limosa-jose-luis-parra.html


martes, 29 de diciembre de 2009

Llueve sobre la arena




Diciembre se desplomó en lluvia. Por enero, la tierra desbordada. Continuaba el agua incesante. El pulso, ayer paloma, apenas latido, hoy torrente. Antiguos cauces olvidados, lenguas torrenciales, bravíos arroyos, ríos, desgarraban la campiña exhausta, rendida a este brío que la desmoronaba como azucarillo en violáceos paladares de tormenta. Día a día, noche a noche desaparecieron tramos de carretera, casas sumidas por grietas del terreno, pueblos inundados que habían sufrido decenios de sequía. Algunos trenes recorrían distancias inciertas con raíles en el aire. Tumbas imperiales afloraron sus médulas de barro. De repente el agua descubrió un puente romano que acariciaba con sangre de arqueólogo el arroyo milenario.
El agua brotaba de la arena. El paisaje tornó de un verde intenso sobre los cauces líquidos, de olivos como encinas salvajes enguantadas de verdina, como las tejas, como la cal, como los ojos lícuos del espejo entre nieblas de azogue, como el sueño a la deriva.


Del libro "Campiña de Luz"


lunes, 28 de diciembre de 2009

El mito y la arcilla





       
   
 Limosa, cruce de caminos. Equidistancia al Sur. Parada y fonda donde solazaron, apacentaron sombra cabe dulzor de alcarraza, peregrinos y viandantes. A fuer de torre y despensa para reyes y soldados, mercaderes y labriegos, hidalgos o villanos.
Del alba de los tiempos, promontorio serenado al estilo de los cerros-testigo habitados tempranamente.
El fruto asilvestrado y la carne amiga. Doméstica amistad contractual entre el hombre y el caballo, el arado y el buey, el perro y la conciencia. Una simple historia de amor y amistad bajo el vendaval de pájaros como nubes, como heridas, como estaño.
La arcilla fue el odre de arena, ese duro vientre a los labios, la nutriente cocción de la espiga, el hueco de dormir, material de sustento, la mano de soñar y el lujo de vivir.
Cerámica era huella en barro de una idea, la expresión al fuego de un sentimiento ancestral. Buhoneros de rubias trenzas, pálidos alquimistas, tañedores de cobre, enterraban vasos votivos, las ofrendas, junto a la placa de arquero (olvido de los héroes), el brazalete áureo, la lanceta y el puñal.
Asentado el territorio, al par que la estirpe, germinan como frutos los oficios y los dioses. El granero y las semillas. En espiral de espigas, la era y la parva avanzan, a modo de calvas solares, nutricias, defensibles contra la mesnada y la plaga.
Hollaron los cauces secos de arroyos, segaron laderas, colinas desmenuzadas en pos de la buena greda, muy maleable y porosa con la que habitar plásticamente los usos, las formas y avanzar técnica y culturalmente en el tiempo.

Del libro "Campiña de Luz"  


miércoles, 6 de mayo de 2009

Las vides bajo la lluvia

                                            

Viñas en Otoño de Antonio López Pintor (1957)


Queman las vides bajo la lluvia.

Casi es invierno.

Hay un desmayo del color, una quietud punzante.

Han caído algunas hojas

y el viento lame las heridas del horizonte,

desdibujado y frío.

Llueve, una fina lluvia trepida en los arroyos.

Desmenuza tiempo al tacto de la yedra.

Los árboles antaño saciados de luz

ofrecen nítidos perfiles;

el gris los acompaña y sustituye.

El amarillo iniciático

se apodera de los besos,

ayer tallos amables,

hoy incierto ramaje, quebradizo y oscuro.

Sabemos que la vida nos mece

como altas ramas de jóvenes eucaliptos.

Ha cesado la lluvia. Revuela un pajarillo

y aviva la quietud terrible de las hojas.



(Del libro "Extensa clepsidra". 2011)

lunes, 13 de abril de 2009

Dos poemas para un paisaje

Foto JL Parra
















Campiña al Sur

Tierra mítica.
Angosturas de cal,
colinas sinuosas,
sueños verdecidos, ecos,
reverberos de cristal.
Tierra sin nubes,
todo el cielo son pájaros.


Mirad, naves, olas

Mirad, naves, olas,
térreas lomas sin árboles,
doradas dunas de fuego.
Ya ceniza, cristal de caña,
desnudos cereales alzaron.
Arenas de abierta clepsidra,
blasones de playa terciaria.
Mirad, naves, olas de arcilla,
espigones en lontananza.

De "Extensa clepsidra"