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miércoles, 9 de octubre de 2013

Collar de versos andalusíes





Una cigüeña bajo los arcos de la Mezquita-Aljama. Esa es la lírica evocación que conservo de un poema leído por D. Emilio García Gómez al rematar su discurso bajo el palmeral sosegado. La cóncava circunstancia de sus palabras desplegadas entre las columnas innúmeras, con motivo del XII CENTENARIO..., hoy picotea en mis dedos alargados por la duda. Resuena el inquietante toc-toc oclusivo en la curva dendrítica donde el recuerdo dispone sus lábiles meandros, pliegues de líquido cristal, melifluo y poliédrico, moldeable como cera templada, huidizo, recurrente y selectivo.      
Sería arriesgado detallar las imágenes evocadas aquella tarde lluviosa (tal vez sólo nublada) por las magistrales palabras del insigne arabista y poeta.
Desde tan regio enclave de la Historia entallaban el marfil de Góngora, las irisadas plumas de lujosos abanicos hispano-árabes, que D. Emilio había pretendido desempolvar en la inmensa biblioteca de El Cairo. Galante y respetuosamente ofrecidas a la publicación y recibidas con entusiasmo por el enclave poético del 27.

La tradición lírica de los poetas españoles de Al-Andalus, era una fuente soterrada donde irían a beber en adelante innumerables autores. Del oasis alejandrino volvía la cigüeña con polvillos de azogue en las alas y el pico avezado en almendrado devenir.    

El regalo que S.E. Ahmed Zéki Pacha le hizo, de fotografiar el manuscrito original de "El libro de las banderas de los campeones" de Ibn Saíd al-Magribi, donde estaban compilados los mejores poetas de Al-Ándalus, supuso para el joven arabista el inicio de una larga dedicación: traducir y versificar, tarea aún más ímproba, en un magnífico castellano, este singular legado. Como tantos otros que permanecen perdidos, o inestudiados, junto a las orillas del Nilo. Allá reposan desconocidos versos y hazañas de la poetisa Wallada, pretendido símbolo de mujer culta y libre, difícilmente rescatables por el ténebre fanatismo que oscurece el conocimiento y secuestra la tolerancia.  
Me está permitido hablaros de Wallada, la esquiva, que hizo bordar éstos sus versos en el hombro derecho: Estoy hecha, por Dios, para la gloria,/y camino, orgullosa, por mi propio camino.
En el izquierdo lucía: Doy poder a mi amante sobre mi mejilla/y mis besos ofrezco a quien los desea.
Ibn Zaydun dedicó sus poemas a Wallada, lágrimas cinceladas en  lapidario de  nostalgia. Su "Casida en Nun", aún hoy es recordada por adolescentes enamoradizos en el país del Nilo, que la recitan bajo el inmenso papiro de la luna. Versos de pérdida, de desamor, de una ciudad (Córdoba), de una época .Nostalgia sobre las ruinas de Al-Zahra. Escarcha sobre escarcha, así las entretelas acibaradas de la rosa blanca. 
La poesía andalusí, lujosa y sensual, traslada a nuestra tierra los metros y rimas de la poesía árabe clásica. Los poetas andaluces la copiaron nutriéndola de savia nueva. La imagen predominaba sobre el fondo. Los panegíricos, alabanzas al tutor, casi siempre aristócratas, cuando no reyes-poetas, eran causa común. Poesía amorosa, descriptiva de la naturaleza, báquica...
Algunos autores cordobeses encumbraron otros temas, poesía de  rígida estrofa clásica, a la manera del Iraq cuyo más fecundo ejemplo fue  Ibn Zaydun. Ibn Suhayd, el esteta, personaje digno de la atención de Visconti. Ibn Hazm el gran prosista, poeta y polemista, autor de El collar de la paloma". O el genuino Ibn Quzman que apartándose de estas tendencias foráneas occidentaliza sus versos epigonales en la lírica andalusí, preludio de la poesía medieval española. Quzman encontró en la moaxaja (zéjel) la adecuada expresión de su alma, sus composiciones eran ampliamente conocidas y cantadas en el Oriente islámico.

"Desde al-Zahra te recuerdo con pasión. El horizonte está claro y la tierra nos muestra su faz serena.
La brisa desmaya con el crepúsculo: parece que se apiada de mí y languidece, llena de ternura.
Los arriates me sonríen con sus aguas de plata, que parecen collares desprendidos de las gargantas.
Así fueron los días deliciosos que ya pasaron, cuando, aprovechando el sueño del Destino, fuimos ladrones de placer.
Hoy sólo me distraigo con las flores, imán de los ojos, en las que la escarcha juega vivaz, inclinando sus tallos:
Son como pupilas que, al ver mi insomnio, lloran por mí, y por eso el irisado llanto resbala por su cáliz.
En los oleados rosales brillan los rojos capullos, aumentando la luminosidad de la mañana.
Aromáticas bocanadas se transmiten el pomo del nenúfar, dormilón cuyas pupilas entreabrió el alba.
Todo excita el recuerdo de mi pasión por ti, que nunca abandona mi pecho, por mucha que sea su estrechura.
Si la unión contigo, por la que suspiro, se lograse, ese día sería el más noble entre todos.
¡No conceda Dios la calma al corazón que desista de recordarte y que no vuele a tu lado con las alas trémulas del deseo!
Si el céfiro, cuando sopla, consintiera en llevarme, depositaría a tus pies un doncel extenuado por la pena.
¡Oh mi más precioso joyel, el más sublime, el preferido de mi alma, cuando los amantes compran joyeles!
Pedirnos uno al otro deudas de puro amor era, en otros tiempos, la pradera feliz donde corríamos como libres corceles.
Pero ahora yo soy el único que puede jactarse de leal. Tú me dejaste, y yo me he quedado triste, amándote".
         Ibn Zaydun. Fragmentos de la " Qasida en Nun"

   La lista es muy numerosa y por supuesto no restringida a Córdoba, ciudad del deseo y la nostalgia, cantada desde la ausencia, paraíso perdido a causa de exilios y adversidades diversas .No podríamos olvidar a Mutamid, rey de Sevilla y tantos otros poetas del Ándalus que desde los reinos Taifas produjeron sus versos más granados y algunos de los mejores escritos en lengua árabe.
Tratamos de una poesía descriptiva que fluctúa parpadeando en imágenes-metáfora con gradación descendente: "el hombre se compara al animal, éste a la flor y la flor a la piedra", señala Massignon. El poema queda fosilizado, metafóricamente impoluto.
 La mirada pasea rítmica y reglada tras la mágica lente que insinúa una lamparita de aceite que espejease ensoñadora. 
Tomas generales: el jardín, la loriga del río... Primeros planos: el aladar, la mejilla, el rubí de unos labios, las perlas del vino o de una boca. La cintura de la amada se estima amplia como la duna y el delgado talle,  palmera  de  oasis.

"Llega a ti una visita de cuello de gacela,
bajo lo negro de su pelo aparece la luna,
sus ojos se han formado con el embrujo de Babel,
con su saliva sobrepasa al vino,
sus mejillas afrentan a las rosas
y sus dientes eclipsan a las perlas".
   De la poetisa de Granada, Hafsa. Trad.de Teresa Garulo.
                     


"Cuando he visto que la vida había vuelto la cabeza y he tenido la certeza de que la muerte, sin ninguna duda, me iba a atrapar, he deseado poder habitar, vestido con un manto rústico en la cima del pico más alto de una montaña donde sopla el viento de las cumbres, para recibir abundantemente, por el resto de mi vida, solo, el rocío que cae del cielo y beber el agua a pequeños sorbos en el cuenco de una escudilla.

Mis amigos, si alguien probó la muerte una vez, yo doy mi palabra de hombre sincero que la he probado cincuenta veces.

Se diría que, ahora que el momento ha llegado de partir, no he obtenido del mundo más que un instante tan breve como un relámpago.

¿Quién hará llegar de mi parte a Ibn Hazm, que ha sido para mí una mano (caritativa) en mis desgracias y mis molestias, (este mensaje)?:

"¡A ti la salud de Dios! Heme aquí a punto de dejarte; ¿no será para ti un viático suficiente saber que tu amigo se va?

"No te olvides de hacer mi elogio fúnebre cuando me hayas perdido, ni de recordar el tiempo de mi existencia y los méritos de mi carácter.

"Conmueve con este elogio, gracias a Dios, a todos nuestros colegas ardientes y hermosos cuando me entierren.

"Tal vez mi cabeza, en la tumba, escuche parte del diálogo por los estribillos de un cantor o por la música de un viajero nocturno.

"Sentiré, con esa vocación de mi recuerdo tras la muerte, una dulce alegría: no me la rehuséis considerándola una distracción indigna de un ser que ha desaparecido.

"Espero que Dios me perdonará las faltas que he cometido contra Él, en consideración a los sentimientos reales que he sentido".

Ibn Suhayd. Trad. de Henri Pérès





Recompuso asimismo D. Emilio el cristalino rumor de yesería con el que Ibn Zamrak ornó el palacio de la Alhambra. O tradujo la nostalgia cordobesa de Ibn Hazm en la mejor obra en prosa de Al Andalus, "El collar de la paloma". Tratado sobre el amor en la Córdoba del siglo XI.
"Mi amigo Abu Bakr Muhammad ibn Ahmad ibn Ishaq _a quien se lo había referido una persona de fiar, cuyo nombre se me ha ido de la memoria, aunque creo que era el cadí Ibn al-Hadda _me contó lo siguiente: El poeta Yusuf ibn Harun, más conocido por al-Ramadi, pasaba junto a la Puerta de los Drogueros de Córdoba, que era el sitio de reunión de las mujeres, cuando vio una muchacha. Dejó entonces el camino de la Mezquita y se puso a seguirla: ella tiró hacia el Puente y lo cruzó camino del lugar que llaman el Arrabal. Al pasar entre los jardines de los Banu Marwan (¡Dios los haya perdonado!), trazados sobre sus tumbas, en el cementerio del Arrabal, al otro lado del río, vio la muchacha que él se apartaba de las gentes, sin otro intento que seguirla, y entonces se dirigió a él y le preguntó:


¿Qué quieres, que vienes tras de mí?  Él le pondero el gran tormento que por ella sentía. Déjate de esas cosas, le dijo, y no busques la perdición. No puedes lograr tu intento ni hay modo de conseguir lo que quieres.  Me contento con mirarte, dijo él, y ella atajó: Eso si puedes hacerlo. Entonces el volvió a preguntarle: ¡Oh señora mía! ¿Eres libre o esclava? Esclava. ¿Cómo te llamas? Jalwa.  ¿Quién es tu amo?  Por Dios, antes sabrías lo que hay en el séptimo cielo que eso que me preguntas. ¡Déjate de imposibles! ¡Oh señora mía! ¿Dónde volveré a verte? Donde hoy me has visto, y a la misma hora, todos los viernes. Y añadió: Y ahora, ¿te vas tú primero o me voy yo. Vete tú primero, con la guarda de Dios.

 Partió ella camino del Puente y él no pudo seguirla, porque a cada paso se volvía para ver si iba tras ella o no. Cuando hubo traspasado la puerta del Puente, corrió en pos de ella, pero ya no pudo encontrar su rastro.



Dijo Abu Umar, que es el propio Yusuf ibn Harun: ¡Por Dios! Desde aquel instante hasta ahora no me separo de la Puerta de los Drogueros ni del Arrabal, sin que haya vuelto a tener noticias suyas y sin saber si es que la sorbió el cielo o si se la tragó la tierra. Pero por ella mi corazón está más ardiente que un ascua.

Esta Jalwa es la misma que canta en sus poesías. Luego de ocurrir esto y del viaje que por su causa hizo a Zaragoza, consiguió tener noticias suyas; pero es una historia muy larga.

                       Fragmento de "El collar de la paloma" Ibn Hazm.  
Trad. de Emilio García Gómez



Conjuntaba D .Emilio erudición y talento versificador. Atrevimiento y dominio de nuestro idioma. Los mejores frutos nacieron del encuentro del arabista con el alma trovadoresca y libertaria de Ibn Quzman. Tabernarios versos, a veces dulces como los ojos de Laleima. Jugosos, frescos, diáfanos, templados con miel silvestre, otras levemente la pluma teñida de coloquíntida. Alfóncigos de deleitosa pulpa, briznas de plata sobre el laúd del elegante cordobés muerto en su ciudad en 1160, una especie de Oscar Wilde en la alcaicería.

    A Laleima

Ahora te amo a ti, estrellita,
Laleima.
Quien te quiere y por ti muere?
Si me muero culpa es tuya.
De poder abandonarte, no rimaría esta estrofilla.
¡Yo estoy, matre, tan xilbato,
tan hazino, tan penato!
¿Ves lo largo que es el día?
Cato sólo un bocadito.
Digo a todos:"Dios es grande!
Ya no puedo más con ella.
Si a la Aljama Verde corro,
vase al Pozo del Chopillo.
¡Ay la flor de las tertulias,
lista tanto como guapa!
¡No mizcales, sí chinitas,
de volverte leprosilla!
Desatinan tus galanes.
De Babel la magia juntas.
¡Cuánta sal derramas siempre
que hablas una palabrita!
Los pechitos cual manzanas,
carrillitos como harina,
dientecitos como aljófar
y de azúcar la boquita.
Si el ayuno nos vedases,
Renegad si nos dijeras,
hoy la puerta de la Aljama
cerraría una soguilla.
Dulce más que el alfeñique,
tú señor eres, yo esclavo.
¡Mi señor, sí! A quien lo niegue,
le daré un pescozoncito.
¿Y hasta cuándo más celillos?
¡De los dos haga, en vacía
casa, Dios un hacecillo!
               Ibn Quzman


Quizás algunos de los poetas subrayados aquí sean la excepción matizada a la norma clásica: Ibn Suhayd, Ibn Hazm... Los dos amigos formaban parte de esa juventud aristocrática, culta y elegante, que emprendió el estudio y la asimilación de las reglas clásicas, para una vez aprendidas olvidarlas. Y crear así una escuela andaluza independiente como correspondía al califato cordobés, pero la ruina de éste debido a las luchas internas, truncó sus vidas, arrojándolos al exilio y la nostalgia. Ibn Suhayd, estoico ante la muerte, en uno de sus poemas describió un viaje a los infiernos, precursor de la Divina Comedia de Dante Alighieri.
Ibn Quzman fue el epígono genial de la poesía andalusí. Único, espontáneo, jugaba al desmarque en sus zéjeles compuestos en una miscelánea de árabe culto y de la lengua romanceada o mozárabe hablada por los andaluces en estos siglos.

                                                                                    Julio,1995.

                                    
Bibliografía:
"Diwan de las poetisas de al-Ándalus" Garulo Teresa. Edit. Hiperion 1986.
"Poemas arábigoandaluces" García Gómez, Emilio.COl.Austral.1980.
"El collar de la paloma". García Gómez, Emilio. Alianza editorial.1983.
"El mejor Ben Quzman en 40 zéjeles" García Gómez Emilio. Alianza Tres.1988.
"El libro de las banderas de los campeones de
"Esplendor de al-Ándalus". Pérès Henri. Ediciones Hiperion.1983.
"La sexualidad en la España Musulmana". Castro Arjona Antonio. Serv. Public. Universidad de Córdoba.1985.
"Poesías. Ibn Zaydun". Sobh Mahmud. Inst.Hispano-Arabe de Cultura.1985.
"Ajimez" Hagerty, Miguel J. Biblioteca de Cultura Andaluza.1985.
"La mujer en al-Ándalus" Univ. Autónoma Madrid.1989.
"De un diwan. Ibn Suhayd. Mariano Roldán. Cuadernos de Ulía .Jorge Huertas, editor. Fernán Núñez.1994.

jueves, 23 de febrero de 2012

Wallada, la esquiva



(Apuntes biográficos sobre Wallada e Ibn Zaydun desde sus propios versos)

                                                        A D. Manuel Pérez de la Lastra y Villlaseñor


En ese turbión de adversidades, intrigas y destronamientos que supuso el final del imperio, nace Wallada, la hija del califa Al-Mustafki, la última princesa omeya de Al Andalus.
Me está permitido hablaros de Wallada, la atrevida, que hizo bordar éstos sus versos en el hombro derecho: 

“Estoy hecha, por Dios, para la gloria,
y camino, orgullosa, por mi propio camino.”
En el hombro izquierdo lucía:
“Doy poder a mi amante sobre mi mejilla
y mis besos ofrezco a quien los desea.

A los diecisiete años negoció la salida del haram renunciando a su título de realeza y a buena parte de la herencia, quedó tan solo con unas cuantas esclavas a las que liberó e instruyó, asociándose con ellas. Compró una casa en la ciudad en la que acabó montando un salón literario que llegó a ser el exquisito lugar de encuentro de la intelectualidad cordobesa
Ibn Bassam nos dejó escrito de Wallada: “Era la primera de las mujeres de su tiempo; su garbo libre, su desdén por los velos daba testimonio de su ardiente naturaleza. Por otro lado, tal era el medio mejor de manifestar las cualidades interiores y plásticas notables, la dulzura de su rostro y de su carácter. Su casa en Córdoba era el lugar de reunión de todas las gentes nobles de la capital; su salón, el palenque donde luchaban poetas y poetisas. Los literatos se dirigían hacia la luz de esta nueva luna brillante como hacia el faro de la noche. Los poetas más excelentes, los escritores más notables se esforzaban por obtener la dulzura de su intimidad, a la que era fácil llegar. Añadía a esto una gran violencia de carácter junto a la fogosidad de su naturaleza y con una propensión a la generosidad que le venía de raza...”
Otras fuentes sin embargo celebran su modestia y honestidad.
Cuando se rumoreaba en Córdoba de su liberalidad extrema escribió:
“Aunque las gentes admiren mi belleza, soy como las gacelas de La Meca cuya caza está prohibida”.

Muhya, la poetisa discípula y amiga de Wallada compuso:
“Defiende la línea de sus labios de los que los desean,
como se defiende la línea de la frontera de los atacantes;
a una la defienden los sables y las lanzas,
a la otra la defiende la magia de la mirada”.

Wallada, enamoró al gran poeta neoclásico Ibn Zaydun de Córdoba. Ibn Hayyan así lo describe: “...es el joven de las bellas letras, el árbitro de la elegancia, el poeta de las magníficas descripciones; es hijo de un noble cordobés; bello, sabio, mordaz, de dulce poesía, de pronta réplica y de polifacético saber”.
De la amistad que nutre los corazones en los caracteres similares de Wallada e Ibn Zaydun surgió un enamoramiento que devino en arrebato y apasionamiento. Wallada insinuó el verse a solas pero Zaydun mirando por el nombre de ella no se dio por enterado. Tantas veces insistió que el poeta al final accedió, enviando a uno de sus esclavos con esta nota:
“Espera mi visita a la hora en que las sombras de la noche sean oscuras, pues juzgo que la noche es la que mejor oculta los secretos”.
Tras esta primera unión Wallada le envió:
“¿No tendremos, pues, después de esta separación un medio de reunirnos para que cada enamorado se queje de los obstáculos que ha encontrado?
Aún cuando me visitabas en el invierno, pasaba la noche ardiendo de deseo después de tu marcha.
Las noches pasan sin que nuestra separación acabe y sin que la paciencia me libre de la esclavitud del amor...”
Conmovido, Zaydun le contestó:
“¿Cómo puedo abandonar tu pacto. ¿Cómo puedo faltar a tu promesa?
Pues mis deseos estuvieron satisfechos contigo y nunca te sobrepasaron.
Ojalá tengas para mí tanto amor como yo para ti.
Ojalá tus noches después de mí sean tan largas como las mías después de tí.
Pídeme mi vida, te la daré, pues no puedo negarte nada.
El destino se hizo mi esclavo cuando me hice esclavo de tu amor”.
Orgullosa de estirpe, celosa por naturaleza, Wallada prohibió la entrada de mujeres en su salón literario para que no admirasen la prestancia, el ingenio y la galanura de Ibn Zaydun.

“Tengo celos de ti, de tu tiempo y lugar.
Si yo te escondiese en mis ojos,
hasta el día de la resurrección,
no sería bastante, pues mis celos nunca cesarían”.
En toda leyenda o historia que se precie hay un tercero en discordia. Ibn Addus, poderoso ministro de los Banu Yahwar se enamora perdidamente de Wallada, a la que pretende por todos los medios obteniendo nula respuesta de ésta que seguía cautivada por Ibn Zaydun.
Una tarde Wallada sorprende a su amado en brazos de una esclava negra, tornándose el amor en despecho:
“ Si hubieses sido justo en el amor que hay entre nosotros,
no amarías, ni hubieses preferido, a una esclava mía.
Has dejado la rama que fructifica en belleza
y has cogido rama que no da frutos.
Sabes que soy la luna de los cielos,
pero has elegido, para mi desgracia, sombrío planeta”.

Tórnase rencor y desprecio en versadas sátiras:
Sátira del seis, contra Ibn Zaydun
“Te apodas El seis
y este mote no te dejará mientras vivas:
pues eres marica, puto y fornicador,
cornudo, cabrón y ladrón”.
Algún malhadado espía denunció a Zaydum como conspirador, al Visir Ibn Addus, quien lo encarceló. Escapó de la prisión ayudado por unos amigos y vagó varios días por los arrabales de Córdoba, arrepentido de la pérdida de su amor.
Wallada cerró el salón literario. Jamás salió referencia de sus labios a su enamorado, ni escuchó las súplicas de perdón del más grande poeta neoclásico del Andalus, quien hasta su muerte le siguió escribiendo los más dulces poemas.
Wallada quedará a la sombra del poderoso Ibn Addus por el resto de sus días. Tuvo una larga vejez hasta los ochenta años.
Zaydun dedicó sus poemas a Wallada, lágrimas cinceladas en lapidario de nostalgia. Su “Casida en Num”, aún hoy es recordada por adolescentes enamoradizos en el país del Nilo, recitándose a media voz bajo la luna. Versos de pérdida, de desamor, de una ciudad (Córdoba), de una época.
A la manera del Iraq, Zaydun en rígida estrofa clásica, escribe para Wallada la célebre "Casida en Num":
“Desde al- Zahra te recuerdo con pasión. El horizonte está claro y la tierra nos muestra su faz serena.
La brisa desmaya con el crepúsculo: parece que se apiada de mí y languidece, llena de ternura.
Los arriates me sonríen con sus aguas de plata, que parecen collares desprendidos de las gargantas.
Así fueron los días deliciosos que ya pasaron, cuando, aprovechando el sueño del Destino, fuimos ladrones de placer.
Hoy sólo me distraigo con las flores, imán de los ojos, en las que la escarcha juega vivaz, inclinando sus tallos:
Son como pupilas que, al ver mi insomnio, lloran por mí, y por eso el irisado llanto resbala por su cáliz.
...Si la unión contigo, por la que suspiro, se lograse, ese día sería el más noble entre todos.
... Si el céfiro, cuando sopla, consintiera en llevarme, depositaría a tus pies un doncel extenuado por la pena.
¡Oh mi más precioso joyel, el más sublime, el preferido de mi alma, cuando los amantes compran joyeles!
Pedirnos el uno al otro deudas de puro amor era, en otros tiempos la pradera feliz donde corríamos como libres corceles.
Pero ahora yo soy el único que puede jactarse de leal. Tú me dejaste, y yo me he quedado triste, amándote”.
Ibn Zaydun en la noche del destierro implora al cielo por Wallada, esa última luna que opaca entre las gasas fulge, esclarecida y distante como el astro, inalcanzable a sus brazos, exánimes palanquines del deseo.
Wallada, la esquiva, alheña su desdén bordando un desamor que “acaso es amor también”.