Por fin las nubes. Tras el atroz agosto de fiebre y fuegos, la lluvia apenas manchó
la tierra calcinada.
Se ven bandadas de aves en el cielo cauterizado y los ojos tan secos adivinan
su destino.
Volar a otros paisajes amables, otras playas, como los pájaros, sin vuelo signado
ni consigna,
con los mapas tatuados en sus entrañas.
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